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Hemos perdido aun este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.
He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.
A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.
Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejano?
Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.
Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.
Pablo Neruda
Duende del otoño, constante y travieso
vagas esos sueños que alcanzan la gloria,
te escudas en corceles, espias cada beso
recorres amplitudes, husmeas mis historias.
Duende del otoño, que callado te sinceras
me llenas de preguntas, alivias mis respuestas
cobijas la llegada de cada primavera
inventas cuentos sabios con el sol en cada puesta
Duende del otoño, pernoctas fantasias
arremetes juglares en cantos inocentes,
prometes la noche y me devuelves los dias
velas inquietudes, juegas con mi mente.
Duende del otoño, pacifico y silente
devuelves a mi vida la magia de un momento,
te vas sin que te expulsen, mezclas ingredientes
sabes que te extraño, sabes mis recuerdos.
Duende del otoño, de lluvias y misterios
despides la inquietud que abriga mi silencio,
y en la paz sinuosa que precede inviernos
transitas mi alma,
sabes mis recuerdos...
